La mayoría compra equipos como compra electrodomésticos. Reparar a veces vale más que reemplazar, y el software que sostiene importa más que el equipo en sí.

CAP 1 Antes de comprar equipos

Hace unas semanas llegó al taller un portátil que el cliente venía a tirar. Entró por la puerta con él bajo el brazo y me dijo, sin más rodeos: «Es para reciclar. Ya he pedido presupuesto de uno nuevo.»

Lo encendimos sobre la mesa. Cargaba la BIOS. Se apagaba a los tres segundos. Nada del otro mundo: un componente quemado en el circuito de carga. Lo soldamos, cambiamos la pasta térmica, le metimos un disco SSD y la RAM al máximo que admitía la placa. El portátil salió por menos de 200 euros. El que iba a comprarse rondaba los mil.

No siempre acaba así. A veces el equipo está mal de verdad y lo mejor es reemplazarlo. Pero esa decisión, en mi experiencia, casi nadie la toma con criterio. Se toma por reflejo: si da problemas, se tira. Y eso es lo que quiero contar en este capítulo.

Comprar equipos informáticos no es comprar electrodomésticos

Una nevera, una lavadora, una tostadora: si fallan, las reemplazas y la vida sigue. Un equipo informático no es eso. Es la base sobre la que se apoya tu trabajo, tu contabilidad, tus correos, tus fotos, los proyectos de tus clientes. Es un cimiento, no un electrodoméstico.

Por eso, antes de cambiar uno, conviene hacerse tres preguntas que casi nadie se hace.

1. ¿Está cansado o está roto?

La mayoría de los equipos que llegan al taller con la etiqueta de «va muy lento» no están rotos. Están cansados. Un disco mecánico que se cambia por un SSD multiplica por diez la velocidad de arranque. Una ampliación de RAM permite que el equipo aguante el navegador moderno, que es un voraz consumidor de memoria. Una limpieza interna y una pasta térmica nueva bajan la temperatura, y muchos equipos que se apagaban solos vuelven a la normalidad.

La regla práctica: si el equipo arrancó bien al principio y la marca era razonable, casi siempre se puede recuperar. Y por una fracción de lo que cuesta uno nuevo. La excepción son los equipos muy antiguos donde el procesador ya no da para los sistemas actuales — ahí sí toca renovar.

2. ¿Está realmente roto o le falta una soldadura?

Esta es la parte que sorprende a más clientes. Cuando un portátil «no enciende», la mayoría de las veces no hay que tirarlo: hay que abrirlo. Un componente quemado en la placa, un mosfet del circuito de carga, una pista interrumpida por un golpe — todo eso se repara a nivel electrónico. Es lo que llamamos micro soldadura.

No es magia, es oficio. Lo complicado hoy no es la técnica, es encontrar a alguien que la haga. La mayoría de los talleres no entran a placa: si el equipo no enciende, te dicen que toca cambiarlo. En JFM lo hacemos a diario porque creemos que un equipo que tenía vida por delante merece intentarlo. Sale del taller no solo arreglado, sino entendido: sabes qué se quemó y por qué.

Y hay otra ventaja que casi nadie cuenta: cuando se repara así, los datos del disco se conservan. No hay que migrar, no hay que reconfigurar, no hay que volver a aprenderse contraseñas. El equipo vuelve, tal cual estaba el día antes.

3. ¿Tu equipo nuevo es realmente nuevo?

Aquí entra la otra mitad de la historia: el software. Comprar un portátil nuevo no significa tener un sistema bien montado. Si llega con una versión rara de Windows activada con una clave de las que se venden por internet a tres euros, ese portátil empieza ya con los pies fríos.

Las claves baratas de Office y Windows que tanto se ven en marketplaces tienen un problema que se ignora demasiado: caducan, dejan al equipo sin actualizaciones de seguridad y, en muchos casos, ya están registradas a nombre de cuentas que no controlas. Por ahí han entrado más empresas pequeñas de las que se piensa. La diferencia de precio entre una licencia original y una pirata es, en términos absolutos, ridícula comparada con el coste de un incidente.

Lo mismo aplica al fichador horario y al resto de software de gestión. Lo barato sale caro cuando lo barato no es legal.

El reflejo de “tirar y comprar”

Volviendo al portátil del principio. Cuando el cliente vino a recogerlo, encendido y como nuevo, me dijo algo que me hizo gracia: «pensaba que esto ya no se hacía». Lo cierto es que sí se hace. Lo que pasa es que se hace en pocos sitios, y por eso ha calado la idea de que no se puede.

Reemplazar a veces es la mejor decisión. Pero conviene haberse hecho antes la pregunta, no haberlo decidido por reflejo. Y si la decisión final es comprar nuevo, conviene comprarlo con criterio: con licencias originales, con suficiente RAM y SSD desde el día uno, y con la idea de que ese equipo va a vivir cinco o seis años, no dos.

Antes de comprar, conviene mirar qué hay debajo.